Desde los tiempos más antiguos los hombres conocían los azúcares de la miel o los contenidos en las frutas.

 

El azúcar cristalizado era ya conocido en Persia, cuando la conquista de Alejandro Magno en el año 332 a.C., y provenía probablemente de la India donde se extraía de una caña que no era otra cosa que la caña de azúcar en estado salvaje.

 

Los Cruzados en las guerras con los países de Oriente expandieron en Europa el conocimiento del azúcar. Fue durante muchísimo tiempo un artículo de gran lujo del que sólo los privilegiados podían disfrutar. En España fue introducido por los árabes.

 

Después del descubrimiento de América, hacia 1.500, el cultivo de la caña de azúcar fue introducido en las Antillas por los españoles (segundo viaje de Colón) y sesenta años más tarde se establecieron las primeras factorías en el continente europeo. Pero siempre era la miel del campo el medio para endulzar los platos. En 1.705 un químico francés, Olivier de Serres, advierte la presencia de un líquido azucarado en la composición de la remolacha.

 

En 1.747 un químico alemán, Marggraf, descubrió la existencia de azúcar en ciertas variedades de remolacha. Se obtuvo secando y pulverizando la remolacha troceada y cociendo ese polvo en alcohol. Después de varias semanas de reposo, los cristales aparecían en el líquido filtrado.

 

Es cierto que su proceso de fabricación era muy rudimentario y que de la remolacha no se extraía más que el 0,5 al 1,6% de azúcar.

 

Este descubrimiento no se consideró importante hasta 1.799, cuando Achard obtuvo algunos kilogramos de azúcar a partir de remolacha que provenía de lo que hoy llamamos un "campo experimental".

 

 Su rey Federico Guillermo III se interesó por sus trabajos y en 1.802 fue puesta en funcionamiento la primera fábrica de azúcar de remolacha en Cunern (Silesia). Los resultados fueron parcialmente satisfactorios, pero probablemente la joven industria no hubiera podido jamás resistir la competencia del azúcar de caña sin las guerras de Napoleón y sin el bloqueo de los ingleses, que privaba así a Europa entera de los productos coloniales.

 

Se llevaron a cabo algunos ensayos con uvas, pero fracasaron. Fue en 1.812 cuando Benjamín Delessert presentó al Emperador el primer pilón de azúcar de remolacha producido en la pequeña fábrica de Passy. Pronto Napoleón creará cinco escuelas de Química Azucarera, subvencionará el cultivo e impulsará la construcción de fábricas. Un año más tarde había en Francia cuarenta fábricas y la producción global alcanzaba 1.400 toneladas.

 

 

Después de la derrota de Waterloo sólo una fábrica mantuvo sus actividades, pero la prueba de viabilidad del azúcar de remolacha estaba hecha. El rendimiento pasaba de 2 a 5 Kgs. de azúcar por 100 de remolacha y, ya en 1.830, había de nuevo en Francia cien azucareras que producían un total de 2600 toneladas de azúcar.

 

El comienzo de la industria azucarera de remolacha era definitivo.

 

En 1.877 se monta la primera fábrica española de azúcar de remolacha en Alcolea.